Mi oficio tiene que ver tanto con el enamoramiento y el amor como con la pérdida, la ausencia, el fin (del vínculo o del amor, no siempre es equivalente) por eso comparto con mis pacientes recursos fuera de la consulta para seguir haciendo su camino, conmigo y sin mí.
Cuando una persona llega a consulta en la primera de las situaciones no me suele pedir libros sobre amor, ni películas, ni música porque, especialmente en el enamoramiento todas las canciones de amor me recuerdan a ti/hablan de ti. El amor lo impregna, lo inunda todo, de tal forma que lo ves en cualquier sitio, todo vale.
Cuando una persona llega a consulta en la segunda de las situaciones, cuando ha perdido a su amor, por ruptura o por fallecimiento, la necesidad de encontrar consuelo en los recursos es mucho mayor y aunque el dolor lo impregne todo, lo inunde todo, no es fácil encontrar alivio temporal ni recursos para ello.
Y de la petición de tantas personas dolientes surgen estas aquí escritas, como los elementos que componen mi botiquín frente a la pérdida. Un aviso, como en los medicamentos: los efectos secundarios en una persona pueden ser distintos a los de otra. Presta atención a tu cuerpo para saber si te está viniendo bien o todavía es pronto para ello y hay que esperar. Vamos, use con precaución.
En mi botiquín no hay libros de autoayuda. No suele haberlos. Creo que en el dolor de la pérdida lo de autoayudarse es todavía más absurdo. Estamos para ser sostenidos no para «autonada». Sin embargo hay muchos libros, porque creo que la experiencia ya vivida de otros nos ayuda a poner palabras a lo que no sabemos o no podemos nombrar.
Algunos libros:
En la tierra somos fugazmente grandiosos. Ocean Vuong
El jardinero y mi padre. Gueorgui Gospodínov
Historias de fantasmas. Siri Hustvedt
El año del pensamiento mágico. Joan Didion
Algunas películas:
Mi vida sin mí o Cosas que nunca te dije, ambas de Isabel Coixet.
Una escultura de Maria Pizzuti, El corazón roto. Creado por su autora como un homenaje a las víctimas de la hambruna de Irlanda, es una representación preciosa y dura también del corazón roto por la pérdida de la persona amada o del vínculo con ella. Es la imagen que encuentras en este artículo.
Un poema de Maggie Smith traducido por Pedro Poitevin
A Tu Edad Yo Vestía una Oscuridad
varias tallas muy grande. Me colgaba
como un vestido de mamá. Y ahora,
mientras hablamos, estoy cosiendo
una oscuridad que tú tendrás que desenredar,
y desenredando otra que tu tendrás
que coser de nuevo. ¿Qué puedo darte
que puedas quedarte? Una vez me preguntaste
¿Tiene fin el cielo? No, no tiene fin,
simplemente deja de ser una cosa
y comienza a ser otra.
A veces nos tomamos de las manos
y echamos la cabeza hacia atrás
para que el azul llene todo nuestro campo
de visión y así sentir
que formamos parte. No tenemos fin,
sólo dejamos de ser lo que somos
y comenzamos a ser ¿qué?
¿Dónde? ¿Qué puedo darte
para llevar ahí? ¿Estas sombras
de hojas, ese suelo del consuelo?
¿Esta suave oscuridad de segunda
mano? ¿Qué puedo darte
que te sea útil en tu segunda vida,
esa que tendrás que vivir sin mí?
Si necesitas una mano para recorrer el difícil camino de la pérdida, me encuentras aquí.

