En una entrada anterior publiqué «Los mitos del psicólogo – 1ª parte«.

Vamos a continuar con la segunda parte.

6. Voy al psicólogo, me escucha y ya con eso me siento mejor

Aunque desahogarnos, contar aquello que nos preocupa, es en sí terapéutico, sólo es un alivio momentáneo, no es suficiente. El psicólogo te ofrece una guía, pautas para hacer los cambios necesarios que conducirán a ese bienestar a largo plazo, que es lo realmente importante. Esto quiere decir que ser escuchado no significa mejorar, para ello tienes que trabajar duro, esforzarte. Si no estás dispuesto a invertir tus energías en hacer ciertos cambios y estar abierto a ellos, no vale la pena empezar una terapia porque no obtendrás resultados y será aún más frustrante.

7. Yo soy así, no me van a cambiar a estas alturas

Todos tenemos una imagen de nosotros mismos: mejor o peor valorada, mejor o peor aceptada, y es la que es. La estructura de esa imagen no se puede eliminar para colocar otra en su lugar, pero sí se pueden hacer modificaciones que no cambien la esencia pero proyecten una imagen distinta.
Por otro lado, el psicólogo nos ayuda a comportarnos de otra manera, no a ser otros. Y a cualquier edad y en cualquier circunstancia, con las pautas adecuadas, podemos cambiar modos de actuar. Si eres una persona con temperamento explosivo, el objetivo no es que seas alguien impasible, paciente, casi zen, sino que a la hora de reaccionar tengas un mayor control sobre tus acciones, por ejemplo.

8.  Es demasiado dinero

El bienestar emocional ha sido injustamente tratado o mejor dicho, mal entendido. Si salgo a cenar con mi pareja me puedo sentir mejor, si me compro esta prenda de vestir me puedo sentir mejor, si me voy a un spa me puedo sentir mejor. Probablemente es cierto pero se trata de un bienestar temporal, pasajero, cuando de fondo existe un problema emocional. Acudir a un psicólogo es posiblemente una inversión cuyos resultados no son tan instantáneos como esa cena, esa prenda, ese masaje, pero mucho más duraderos. Además durante la terapia se adquieren conocimientos y habilidades que se pueden aplicar en muchos ámbitos de la vida.

9. Una pastilla me puede ayudar igual pero en menos tiempo y cuesta menos

Pastillas, no solucionan el problema

La medicación para problemas como la ansiedad o la depresión puede ser necesaria en un momento dado y para algunas personas. Sin embargo no soluciona la cuestión en sí que nos ha provocado dicha ansiedad o depresión, sino sus síntomas. Es decir, barrer y esconder bajo la alfombra no elimina la suciedad, sólo la esconde ante una mirada superficial, pero nosotros siempre sabremos que está ahí, y si acumulamos en exceso podemos incluso tropezar con los bultos de la alfombra. Levantarla y eliminar la suciedad con seguridad requiere mayor esfuerzo pero nos habremos desecho de ella de una vez por todas.

10. Con el tiempo se me pasará

El tiempo todo lo cura, dice un refrán. Es cierto que hay cuestiones que se superan, como la pérdida de un ser querido, una ruptura amorosa, un momento puntual de estrés… El paso de las semanas o meses pueden aportarnos algo de perspectiva y atenuar la intensidad de nuestra vivencia, o puede agravar el problema. Es en las ocasiones en las que, a medida que transcurre el tiempo, el dolor se mantiene o aumenta de intensidad cuando debemos acudir a un psicólogo.

Y así volvemos al ejemplo del «resfriado mal curado» comentado en la primera parte, que termina por ser una neumonía: el paso del tiempo, sin ninguna acción por nuestra parte, sólo complicará la situación.

Conclusión

Y retomando el punto de inicio, en aquel café, con aquella amiga, espero haber contribuido a la difícil tarea de despejar algunos prejuicios que tenemos acerca de los psicólogos y de la psicología. Y que cuando necesitemos ir al psicólogo no nos sintamos avergonzados o que cuando un amigo nos cuente que acude a terapia no pensemos que está loco, que tira el dinero, que es débil… sino sólo una persona que necesita ayuda en un momento puntual y ha sido lo suficientemente valiente como para pedirla.