Tomando un café hará unas semanas, una amiga me contaba lo mal que se sentía anímicamente, lo desorientada que estaba, la apatía e irritabilidad que la inundaba la mayor parte del día. Mi pregunta fue «¿Y no has pensado en ir a un psicólogo?». Ella se mostró sorprendida, casi como ofendida, y me respondió «hombre, ¿tan mal me ves? ni que estuviera loca». Esta respuesta me sorprendió aún más que a ella mi pregunta, sobretodo porque somos amigas desde hace años y pensé que conocía algo más mi profesión. Esto me llevó a plantearme que la psicología, pese a que muchos utilizan las palabras «Es que yo tengo mucha psicología» o «le hago de psicólogo a mis compañeros de trabajo», sigue siendo una gran desconocida y temida. Estos son algunos mitos en torno a la profesión de psicólogo.
1. No estoy loco
El clásico, el recurrido, lo que más escuchamos los que nos dedicamos a esto. la mayor parte de las personas que acude a una consulta privada tiene problemas relacionados con la vida cotidiana (tienen problemas de autoestima, necesitan orientación por parte de alguien externo a su entorno, quieren superar rupturas sentimentales o duelos, tienen problemas laborales o familiares que no saben cómo resolver, tienen un estado de ánimo bajo o ansiedad o estrés…).
Por otro lado no hablamos de locura sino de desequilibrio en un momento dado. Una persona diabética, por ejemplo, será diabética siempre. Controlará su enfermedad, evidentemente, y podrá llevar una vida normal, pero seguirá padeciendo diabetes. En psicología, la mayoría de trastornos (o desequilibrios) son transitorios siempre y cuando se traten adecuadamente. Es decir, una persona puede padecer ansiedad en un periodo de su vida, realizar una terapia, y no volver a sentir ansiedad.
2. No estoy tan mal
Es la segunda excusa, tras el «no estoy loco», para no acudir a un psicólogo. Y en realidad es lo que más dificulta la recuperación de la persona. A veces nos encontramos pacientes que han convivido con una depresión durante años y sólo piden ayuda profesional cuando el dolor emocional es ya insoportable. Poniendo de nuevo un ejemplo médico es como tener un resfriado, no cuidarse, que pase el tiempo, se convierta en neumonía, y soportar la neumonía sin ir al médico hasta que ya no puedes soportar la fiebre y la dificultad para respirar. Nos parecería inconsciente y autodestructiva una persona que hiciese eso con su salud física, sin embargo es de lo más normal hacerlo con nuestra salud psíquica o emocional.
3. Mis amigos me aconsejan ¡y gratis!
Muchos de nosotros tenemos la suerte de contar con amigos o familiares con los que podernos desahogar, que nos escuchan y nos aconsejan, pero en algunos momentos de la vida esto es insuficiente. Puedes tener un amigo que sepa un poco de electrónica y si se te estropea el televisor te lo pueda arreglar, pero si sus conocimientos no dan para arreglar la avería y te deja la tv igual, no se te ocurriría seguir con el aparato estropeado por no llevarlo al lugar especializado ni persistirías diciéndole a tu amigo cada vez que le ves que te lo arregle. Lo mismo ocurre con los psicólogos. Las ganas de ayudar y la paciencia de un amigo no son lo mismo que los estudios y la experiencia de un profesional.
4. Los psicólogos lo relacionan todo con problemas con la infancia
Dentro de la psicología hay diversas corrientes, algunas más centradas en nuestros problemas pasados que en los actuales. Desde la psicología cognitivo-conductual (la que practico) preguntamos por la familia e infancia como parte del contexto de la persona pero no nos detenemos demasiado en ello. Lo importante es el presente y dotar a la persona de herramientas para hacer frente a los problemas que le ocupen en el futuro. El pasado tiene una importancia relativa.
5. Si voy seguro que intenta alargar la cosa para sacar más dinero
La duración de una terapia depende del tipo de problema (obviamente) pero también del trabajo y esfuerzo por parte de la persona que acude. Un tratamiento efectivo trata de conseguir los mejores resultados en el menor tiempo posible. Las terapias que se alargan demasiado en el tiempo son por lo general un problema porque dejan en evidencia que una de las dos partes no está haciendo su trabajo.
Salvo algunos temas, que requieren una duración más prolongada, la mayoría de cuestiones que se plantean en consulta son tratadas con una media 7-10 sesiones. No es lo mismo tratar una fobia, que requiere unas 10 sesiones, que un tema de orientación, que puedes solventar en 4 o 5 sesiones, que una depresión, que requiere lógicamente más tiempo.
Continuará…